TESTIGOS HOSTILES DE CRISTO (SIGLO I Y II)

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TÁCITO

Tácito

Cornelio Tácito (55–120 d.C.) fue un historiador, senador, cónsul y gobernador del Imperio Romano. Escribió varias obras históricas, biográficas y etnográficas, entre las que destacan “Los Anales” y “Las Historias”.

TESTIMONIO, Los Anales:
Sin embargo, ni por industria humana, ni por larguezas del emperador, ni por sacrificios a los dioses, se lograba alejar la mala fama de que el incendio había sido mandado. Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo cristianos. El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el procurador Poncio Pilato durante el Imperio de Tiberio y reprimida, por de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no sólo por Judea, origen de este mal, sino por la urbe misma (Roma), a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso hay por dondequiera. Así pues, se empezó por detener a los que confesaban su fe; luego por las indicaciones que éstos dieron, toda una ingente muchedumbre (multitudo ingens) quedaron convictos, no tanto del crimen de incendio, cuanto de odio al género humano.

El contexto de este pasaje es el del gran incendio de Roma que quemó durante seis días, gran parte de la ciudad en el año 64 d.C. Existía el rumor de que el incendio había sido provocado por el emperador Nerón. Así que para callar esos rumores el emperador culpo a los Cristianos a los cuáles infligió persecución y torturas.

El texto pone en claro cinco cosas:

  1. Los Cristianos eran odiados por sus “abominaciones”.
  2. El origen de la denominación de “Cristianos” procedía de “Cristo”.
  3. Cristo sufrió la pena capital (crucifixión) durante el reinado de Tiberio a manos de Poncio Pilato.
  4. La “superstición” fue sofocada de momento al dar muerte a su iniciador, Cristo, pero después estalló no solamente en Judea, sino que llego hasta Roma.
  5. Ya había una multitud de Cristianos en Roma para el año 64 d.C.

Cuando Tácito habla de “abominaciones” debe referirse a la eucaristía, que para un pagano sonaría a canibalismo. Esto se ve reflejado en otros escritos paganos. Además el pasaje hace diferencia entre Judíos y Cristianos. Recordemos que para el pagano los Cristianos inician como una secta Judía. Pero es claro que ya para el año 64 d.C. los Cristianos eran un grupo importante y se les consideraba independientes al Judaísmo.

El Historiador Romano también da explicación del término “Cristianos” haciendo referencia a Cristo, una persona que durante el reinado de Tiberio había sido condenada a morir por medio de la pena máxima (crucifixión) en manos del Procurador Poncio Pilato.

Tácito formaba parte del Quindecimviri sacris faciundis, un consejo de sacerdotes que se encargaban de supervisar todos los mitos y religiones no romanos. Nuestro historiador estaba en la posición y obligación de estar muy familiarizado con todo lo que pudiera relacionarse con el Cristianismo como movimiento religioso.

Lo más notable es que de haber dudas de la muerte por crucifixión de Jesús o de su existencia (como hoy una minoría intenta argumentar), Tácito no hubiera cometido el error de mencionar a uno de los suyos (el Procurador romano Poncio Pilato) como alguien que no pudo sofocar una superstición si no fuera un hecho real.

Esto se suma a algo que Tácito menciona de pasada como un hecho histórico más, pero que coincide perfectamente con lo que sabemos: el cómo la “superstición” Cristiana que nace de Cristo, quién es ejecutado por Poncio Pilato (bajo del reinado de Tiberio) en Judea, fue sofocada solo de inicio para luego estallar de nuevo con más fuerza y extenderse hasta Roma.

Este es el ritmo que nos narran los Hechos de los Apóstoles: 

  • (1) Sofocación del movimiento por la muerte del líder.
  • (2) vuelta a la vida en Judea.
  • (3) y posteriormente Cristianos hasta en Roma.

A la muerte de Jesucristo y aún después de su resurrección, los apóstoles permanecen ocultos hasta Pentecostés. Es en ese momento, que con toda la fuerza del Espíritu Santo prometida por Jesús, se inicia con celo la proclamación de la palabra en Judea y posteriormente más allá, hasta Roma. Para Tácito como pagano romano, lo más lógico era esperar que a la muerte del líder, el movimiento se acabara como había pasado con muchos otros antes de Cristo. Pero la muerte de Jesús no había logrado detener a los apóstoles, nosotros sabemos que esto se debe a que este líder no era cualquier otro sino el mismo Hijo de Dios encarnado y resucitado.

Es claro que Tácito habla de historia y está seguro de ello. Lo que no se imaginaba era que lo que estaba narrando de pasada iba a cambiar la faz de la tierra.

PLINIO EL JOVEN

Cayo Plinio Cecilio Segundo (61–112 d.C.), mejor conocido como Plinio el Joven, fue Senador, Cónsul, Gobernador, abogado y escritor romano.

Mientras Plinio gobernaba Bithynia et Pontus (actual Turquía) escribe una carta al emperador Trajano alrededor del año 112 d.C. y le pide consejos sobre como tratar con los cristianos.

TESTIMONIO, Epístolas X, 96:
Señor, es regla mía someter a tu arbitrio todas las cuestiones en las que tengo alguna duda. ¿Quién mejor para encauzar mi inseguridad o para instruir mi ignorancia? Nunca he llevado a cabo investigaciones sobre los cristianos: no sé, por tanto, qué hechos ni en qué medida deban ser castigados o perseguidos. Y harto confuso me he preguntado si no se debería hacer diferencias a causa la edad, o si la tierna edad ha de ser tratada del mismo modo que la adulta; si se debe perdonar a quien se arrepiente, o bien si a quien haya sido cristiano le vale de algo el renegar de su fe; si se ha de castigar por el mero nombre (de cristiano), aun cuando no hayan hecho actos delictivos, o los delitos que van unidos a dicho nombre.

Entre tanto, así es como he actuado con quienes me han sido denunciados como cristianos. Les preguntaba a ellos mismos si eran cristianos. A los que respondían afirmativamente, les repetía dos o tres veces la pregunta, amenazando con suplicio; a quienes perseveraban, les hacía matar. Nunca he dudado, de hecho, fuera lo que fuese lo que confesaban, que tal contumacia y obstinación inflexible merece castigo al menos. A otros, convictos de la misma locura, he hecho trámites para enviarlos a Roma, puesto que eran ciudadanos romanos.

Y muy pronto, como siempre sucede en estos casos, propagándose el crimen al igual que la indagación, se presentaron numerosos casos distintos. Me fue enviada una denuncia anónima que contenía el nombre de muchas personas. Quienes negaban ser haber sido cristianos, si invocaban a los dioses conforme a la fórmula que les impuse, y si hacían sacrificios con incienso y vino a tu imagen, que a tal efecto hice instalar, y maldecían además de Cristo –cosas todas ellas que, según me dicen, es imposible conseguir de quienes son verdaderamente cristianos– consideré que debían ser puestos en libertad.

Otros, cuyo nombre me había sido denunciado, dijeron ser cristianos pero poco después lo negaron; lo habían sido, pero después habían dejado de serlo, algunos al pasar tres años, otros más, otros incluso tras veinte años. También todos estos han adorado tu imagen y las estatuas de nuestros dioses y han maldecido a Cristo. Por otro lado, ellos afirmaban que toda su culpa o error había consistido en la costumbre de reunirse un día fijo antes de salir el sol y cantar a coros sucesivos un himno a Cristo como a un dios, y en comprometerse bajo juramento no ya a perpetuar cualquier delito, sino a no cometer hurtos, fechorías o adulterios, a no faltar a nada prometido, ni a negarse, a hacer un préstamo del depósito. Terminados esos ritos, tienen por costumbre separarse y volverse a reunir para tomar alimento, por lo demás común e inocente. E incluso de estas prácticas habían desistido a causa de mi decreto por el que prohibí las asociaciones, siguiendo tus órdenes. He considerado necesario arrancar la verdad, incluso con torturas, a dos esclavas que se llamaban servidoras. Pero no conseguí descubrir más que una superstición irracional y desmesurada.

Plinio se encuentra con un problema real mientras fue gobernador de Bitinia, hay una multitud de Cristianos quienes no adoran a los ídolos, no frecuentan los templos de sacrificio pagano, no cometen delitos, no cometen hurtos, fechorías o adulterios, no faltan a su palabra, ni niegan préstamos o ayudas. Una clase de personas tan fuera de lo común que Plinio no sabe como tratar con ellas. No está claro exactamente porque se les perseguiría, pero no falta mucha imaginación para saber que los Cristianos eran rebeldes, rebeldes a la autoridad del emperador (no lo veían como un dios) y aún en su humildad los romanos debieron temerles u odiarlos.

Es interesante como Plinio describe a los primeros Cristianos como si estuviera describiéndolos hoy mismo. “Se reúnen en un día fijo a cantar a coros sucesivos un himno a Cristo como un dios”. Cumplen preceptos específicos, los mandamientos. Y luego participan en “tomar alimento, por lo demás común e inocente”. Esta última referencia es una señal de alivio para Plinio, que debió escuchar que los Cristianos comían la carne y bebían la sangre de Cristo (la eucaristía).

Ya encontramos aquí trazas de la liturgia o misa, la vida bajo las bienaventuranzas y la adoración de Cristo como Dios. De hecho cuando dice: comprometerse bajo juramento,en latín dicere secum invicem seque sacramento. Puede traducirse en: “se involucran ellos mismos en un sacramento”. Lo que realmente está diciendo al traducirlo correctamente, es que, los Cristianos “juraban” sacramentalmente su alianza con Dios a través de Cristo.

La descripción que Plinio hace del Cristianismo como una superstición irracional y desmesurada demuestra que tan alejado estaba el Cristianismo de cualquier religión o culto antiguo. Pero lo más significativo es cómo Plinio pierde de vista que para esos Cristianos, mentir o engañar era una de las cosas que no debían hacer y las cuales juraban sacramentalmente no hacer. ¿Si decir la verdad, no engañar, no mentir, no cometer fraude, estaba en el corazón mismo del Cristianismo, y la gente estaba dispuesta a morir por ello, por qué entonces precisamente propagarían un fraude o intentarían engañar?Si Plinio hubiera reflexionado más quizá entonces hubiera comprendido que esa “superstición excesiva” estaba enraizada en la verdad.

SUETONIO

Gayo Suetonio Tranquilo, 70–126 d.C., comúnmente conocido como Suetonio, fue un historiador y biógrafo romano durante los reinados del los emperadores Trajano y Adriano. Su obra más importante es las “Vidas de los doce césares” en la que narra las vidas de los gobernantes de Roma desde Julio César hasta Domiciano.

TESTIMONIO, Divus Claudius 25:
Dado que los judíos hicieron constantemente disturbios por instigación de Cresto, él (Claudio) los expulsó de Roma.

El testimonio hace referencia a la expulsión que Claudio hizo a todos los Judíos de Roma en el año 49 d.C. La expulsión es mencionada incluso en los Hechos de los Apóstoles 18,2:Y halló a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma.

¿Pero quién es Cresto? Los paganos confundían a los Cristianos con Crestianos y a Cristo con Cresto.

Por ejemplo Lactancio (240–320 d.C.) hace notar que en sus días los paganos erróneamente se referían a Cristo como Cresto y que usaban ese título como nombre personal (recordemos que Cristo significa el mesías o ungido pero posteriormente se le aplico como nombre personal a Jesús): Su nombre es Jesús… Cristo no es un nombre propio sino un título… Pero el significado de este nombre debe ser aclarado, ya que por error de los ignorantes que por el cambio de una letra están acostumbrados a llamarlo Cresto.

Tertuliano (160–220 d.C.) se encontró con el mismo error pagano: El nombre de Cristianos, sin embargo, viene del significado de “elegido” “mesías”. Aún cuando por una pronunciación errónea de ustedes los paganos nos llaman “Crestianos”.

El testimonio habla de disturbios entre los Judíos. Para un pagano en el año 49 no había mucha diferencia entre los Judíos y los Cristianos. Con lo que Claudio quizá se encontró es con las discusiones entre Judíos y Cristianos acerca “del Cristo”.

Hechos de los Apóstoles 17,2 nos describe la manera en como Pablo evangelizaba: Pablo, según su costumbre, se dirigió a ellos y durante tres sábados discutió con ellos (Judíos) basándose en las Escrituras, explicándolas y probando que Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos y que “este Cristo es Jesús, a quien yo os anuncio”.

En el centro de las discusiones entre Judíos y Cristianos estaba “Cristo” (Mesías en Griego). La cuestión de si el Mesías (Cristo) era Jesús o había que esperar a otro estaba el corazón de la evangelización a los Judíos. Estas disputas acerca del “Cristo” sonaban a los oídos paganos a una pelea sobre una persona llamada Cristo o Cresto. El aumento de estas disputas y su intensidad debieron hacer necesaria la expulsión de todos ellos por parte de Claudio.

TESTIMONIO, Nerón 16:
Puso límites al lujo: las comidas que se daban al pueblo quedaron convertidas en distribuciones llamadas sportula; prohibió que se vendiese nada cocido en las tabernas, exceptuando legumbres, siendo así que antes se vendían en ellas toda clase de manjares. Los cristianos, clase de hombres llenos de supersticiones nuevas y maliciosas, fueron entregados al suplicio.

Suetonio además escribe de los Cristianos cuando habla del reinado del emperador Nerón y como fueron perseguidos y asesinados.

LA INSCRIPCIÓN DE NAZARET (SIGLO I)

Es una Inscripción de Nazaret de mármol descubierta en Nazaret en 1878. La datación no es conclusiva pero la mayoría de lo expertos concuerdan que es de la primera mitad del Siglo I, 44–50 d.C. (Diátagma Kaísaros, Decreto del Cesar)

TESTIMONIO, Inscripción del Siglo I encontrada en Nazaret
“Es mi deseo que los sepulcros y las tumbas que han sido erigidos como memorial solemne de antepasados o hijos o parientes, permanezcan perpetuamente sin ser molestadas. Quede de manifiesto que, en relación con cualquiera que las haya destruido o que haya sacado de alguna forma los cuerpos que allí estaban enterrados o los haya llevado con ánimo de engañar a otro lugar, cometiendo así un crimen contra los enterrados allí, o haya quitado las losas u otras piedras, ordeno que, contra la tal persona, sea ejecutada la misma pena en relación con los solemnes memoriales de los hombres que la establecida por respeto a los dioses. Pues mucho más respeto se ha de dar a los que están enterrados. Que nadie los moleste en forma alguna. De otra manera es mi voluntad que se condene a muerte a la tal persona por el crimen de expoliar tumbas.”

La inscripción es un “rescripto”, una carta del emperador respondiendo una cuestión planteada por un oficial romano.

La inscripción decreta que cualquier persona encontrada culpable de destrozar tumbas, extraer o mover cuerpos con ánimo de engañar, o quitar o mover losas de piedra (que eran el sello de algunas tumbas)… serán culpables y sentenciados a pena capital.

Hay varios puntos de interés en esta inscripción:

  1. No se menciona robo de tumbas (de objetos valiosos), lo cual era algo que ocurría en medio oriente.
  2. La preocupación del mandato es acerca de quitar las piedras que sellan las tumbas o mover cuerpos de las mismas, con ánimo de engañar. No es tanto la profanación de la tumba y sus cuerpos sino intentar fraudes o engaños con los mismos.
  3. El castigo que prescribe también es ejemplar. Roma tenía ya leyes que consideraban un sacrilegio el molestar las tumbas, y el castigo era una multa. Pero el castigo estipulado en la inscripción es la pena máxima.
  4. La mayoría de los paganos cremaban a sus muertos. Y el decreto parece hablar de tumbas familiares. Todo esto apunta que se dirigía específicamente a los Judíos previo al año 70 d.C. (que es cuando las prácticas judías de entierro cambiaron, después de la destrucción del templo)

El lugar donde la inscripción se encuentra es Nazaret.

Algo debió provocar dicho decreto del Cesar. La historia solo provee un incidente que involucra una tumba vacía en Judea lo suficientemente importante para provocar este “rescrito”, la tumba vacía de Jesús.

El en Nuevo Testamento se habla ya de este tema. Primero los Sacerdotes Judíos acuden a Pilato para pedir que ponga una sello en la roca de la tumba de Jesús y además una guardia para evitar disturbios provocados por un posible intento de robar el cuerpo. En segunda instancia, se ofrece soborno a los soldados que pusieron guardia para decir que los discípulos habían robado el cuerpo una vez que se encontraron con la tumba vacía. Estos rumores persistieron más adelante ¿pudieron estos rumores llegar hasta el emperador Claudio el cuál estaba familiarizado en tratar a los problemáticos judíos?

FUENTES RABÍNICAS MISHNAH Y TALMUD

Justo antes de la Segunda Revuelta Judía (132–135 d.C.), la tradición oral de los Fariseos fue puesta por escrito por primera vez en la historia. Estas tradiciones son conocidas por el nombre de Mishná. Existen también varios comentarios hechos sobre la Mishná llamados Guemará. La combinación de la Mishná y la Guemará conforman lo que conocemos como el Talmud.

TESTIMONIO, Sanhedrin 43a (70–200 d.C.)
En la víspera de la pascua Yeshu fue colgado. Durante cuarenta días antes de que la ejecución se llevará a cabo, un heraldo salió y gritó: “Él va adelante para ser apedreado porque ha practicado la hechicería y seducido a Israel a la apostasía. Cualquier persona que puede decir algo en su favor, que venga hacia adelante y abogue en su nombre.” Pero ya que nada se presentó en su favor fue colgado en la víspera de la Pascua.

Esta tradición del Talmud viene del periodo 70–200 d.C.

Este texto habla de Jesús de una manera concreta como una persona que fue ejecutada, “colgada”, por haber seducido a Israel a la apostasía y practicar hechicería.

No es la primera vez que los Judíos atacan a Jesús por realizar milagros, en los evangelios, los Fariseos acusaron a Jesús de expulsar demonios por el poder del príncipe de los mismos. Los Judíos nunca negaron los milagros realizados por Jesús, pero se los atribuían a otras fuentes como la hechicería y no a su divinidad.

LUCIANO DE SAMÓSATA

Luciano de Samósata fue un retórico sirio autor de “La muerte de Peregrino”, escrita entre 160 y 180 d.C.

Esta obra es una sátira dirigida contra Peregrino Proteo quién fue un filósofo griego que se convirtió al Cristianismo mientras vivía en Palestina. Al parecer logro cierta autoridad en la Iglesia local, pero posteriormente fue excomulgado. Termino convirtiéndose un filósofo cínico y cometió suicidio en los Juegos Olímpicos del año 165 d.C. Luciano que estaba presente en los juegos escucho a uno de los seguidores de Peregrino alabarlo por tal acto, así que Luciano decide escribir su obra mostrando lo absurdo de la vida de Peregrino.

En la sátira Luciano trata de pasada a los Cristianos.

TESTIMONIO, La muerte de Peregrino, 160–180 d.C.
Los desgraciados están convencidos de que serán inmortales y vivirán siglos sin fin, y en consecuencia desprecian la muerte, e incluso los más se entregan ellos mismos voluntariamente a la muerte. Además, su primer legislador los convenció de que todos eran hermanos, una vez que se han apartado de los dioses griegos y han renegado de ellos y adoran a aquel sofista suyo crucificado y viven conforme a sus leyes. Desprecian por igual todos los bienes y los consideran propiedad común, y aceptan estos preceptos sin ningún testimonio probado. Si se presenta, pues, ante ellos cualquier pícaro embaucador que sepa sacar partido a las circunstancias, se hace rico sin tardar, mofándose de estas sencillas gentes.

ALEXÁMENOS

El grafito de Alexámenos, es un grafiti encontrado en el muro de un cuarto en el monte Palatino, en Roma. Se le considera la primera representación pictórica conocida de la crucifixión de Jesús.

La imagen representa a un hombre crucificado con la cabeza de un burro. A la izquierda hay otro hombre que levanta una mano. Bajo la cruz hay una leyenda escrita en griego: “¡Alexámenos, adora a su dios!”

La imagen se ha datado entre el 50–200 d.C.

En la siguiente sala a donde se encontró este grafito hay otra inscripción de una mano diferente que se lee en latín y se traduce en “Alexámenos es fiel”

La primera representación gráfica de la Crucifixión es un “meme” antiguo, que anuncia lo que Cristo ya había predicho, “Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa”

CONCLUSIONES

Los testigos hostiles de Cristo y los Cristianos nos abren una ventana al Cristianismo primitivo y nos muestran cómo la fe de los primeros años es la fe que el Cristianismo profesa hoy. Nos ayudan también a ver con los ojos de los paganos que odiaron y persiguieron a los Cristianos. Estos paganos hostiles sin quererlo ser, se convirtieron en testigos de su fe.

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