¡Qué perdida de libertad es la riqueza! Todos la buscan, trabajo tras trabajo, cheque tras cheque… y no saben porqué. Ropa, tenis, antro, celular, vino, carro, vamos sumando más y más y menos y menos libertad tenemos. ¿Quién se puede ver al espejo y decir: hoy soy más fuerte, más humilde, más sabio, más feliz; después de comprarse unos Nike? Es ridículo y sin embargo el centro de muchísimos de nosotros está precisamente en poseer cosas.

¿Es que las cosas son intrínsecamente malas? No, el problema es que se convierten en el centro, y la vida gira en torno a ellas. Nos volvemos adictos porque somos personas y la única realidad que puede llenar a una persona es otra persona, las cosas nos quedan tan ridículamente pequeñas que querer ser feliz con ellas es como querer evaporar el océano con un cigarro.

Podemos ser increíblemente felices rodeados de amigos en la más grande de las pobrezas materiales y ser infinitamente infelices rodeado de celebridades, en un yate, en Mónaco, vistiendo lo más caro y lujoso. Pero la gente no lo ve porque como borregos todos vamos hacia allá, hacia las cosas brillantes. Nuestro objetivo último en la vida es “tener un piso”, un “depa”, una “casa” o un “auto”. Y por eso buscamos más y más cosas, porque las cosas son como un trago de gasolina intentando calmar la infinita sed y hambre que tenemos de ser personas. Buscamos en el lugar equivocado y creemos que tenemos que aumentar la cantidad de lo mismo, en vez de buscar en el lugar donde realmente encontraremos la felicidad.

¿Cuales son 3 de las profesiones que producen más gozo? Según un estudio de la Universidad de Chicago: Sacerdote, Bombero, y Fisioterapeuta. Curiosamente entre las más odiadas se encuentran las mejor pagadas.

¿Por qué tres profesiones con poco salario son tan satisfactorias? ¿Qué tienen en común? Que sirven a las personas, las ayudan. Sus trabajos tienen un sentido mayor que “ganar dinero” y sus logros valen la pena, porque no se trata de ellos, sino de los demás.

No es el dinero, ni el poder, ni la posición lo que te hará feliz. Un campesino rodeado de su familia ordeñando vacas, y sin nunca jamás haber visto un iPhone, unos Nike, un Cadillac, y una televisión, puede tener una vida mucho más plena que el CEO de una empresa exitosa.

La verdad es esta: no importa quién seas o que hagas o cuanto ganes; si ganas poco bien, y si ganas mucho bien… hay gente que por suerte y circunstancias están en una buena posición social, pero lo verdaderamente importante es que tu centro sea servir a los demás, que las cosas sean simplemente herramientas para construir bienestar para los demás y que desarrolles relaciones realmente profundas, con tus amigos, esposa(o), hijos… y sí, con quién te ha creado, tu Dios, que te conoce y sabe lo que realmente quién eres.

Los niños son felices porque solo necesitan el amor de sus padres, el asombro desnudo de una noche estrellada y la ingenuidad de quién sabe que hay algo más. No olvidemos lo que realmente amamos, no olvidemos ponerlo en nuestro centro, y quitemos a toda costa de nuestras prioridades todo aquello que nos quita nuestra libertad de SER… todas esas cosas y objetivos que nos van hundiendo en la esclavitud de la riqueza según el mundo… que no es mas que la pobreza de ser poseído por las cosas y las opiniones, en vez de la riqueza del que se entrega enteramente a los demás, sin importar lo que tenga. ¿Qué pasaría si tu mayor logro fuera aliviar el sufrimiento de las personas con hambre, o visitar semanalmente a un enfermo que no conozcas, o amar a tus hijos y esposa con todas tus fuerzas y fidelidad? ¿Qué sería de ti y del mundo si contáras tu vida no en ascensos y cheques, no en seguidores y likes, no en el tamaño de tu casa o tu auto, sino en conversaciones de esperanza y en acciones concretas por aquellos que puedes ayudar? ¿Qué tan grande sería tu felicidad, que tan desbordante sería tu gozo? ¿Que tan profundamente transformarías con tus manos la realidad de otros? Solo Cristo lo sabe… ¿tendremos el valor de averiguarlo alguna vez por nosotros mismos?

CJBS