Solo Cristo salva, toda salvación viene de él y se desprende de él. Pero esa salvación gratuita no es obligatoria, es necesario creer en Cristo y aceptarlo como nuestro salvador. Pero hay algo más, nadie puede acercarse a Cristo verdaderamente y no amarlo y nadie puede amar a Cristo y no renunciar y virar por completo su vida, convertirse. Y esa conversión lleva a realizar actos específicos, cada vez más claros, “obras” que muestran viva esa fe.

Por eso se nos dice que la fe sin obras está muerta. Porque aceptar a Cristo como mi salvador no es algo que se dice, o se siente… sino uno verdadero movimiento, un verdadero obrar.

Cuando Lutero dice “peca más fuerte cree más fuerte” es un abuso a la misericordia y el amor de Dios. Es decir que la Cruz de Cristo destruye la naturaleza y justicia de Dios, es decir que la Cruz de Cristo convierte lo bueno en malo y lo malo en bueno, es decir que la salvación significa hacer todo lo que te aleja de Dios, todo lo que Dios aborrece y en un acto temerario de arrogancia cada vez más aberrante, llamar fe y confianza a lo que descaradamente es un intento para usar la Cruz como un placebo a la realidad de que no me he convertido ni he decidido amar a Cristo con toda mi mente, mis fuerza y mi corazón. No se trata de que quién sigue a Cristo no caiga, no sea débil, no peque… pero lo que Lutero propone se parece más bien a aquel que dice que ama cada vez más a su esposa cuanto más y más le sea infiel. Es un buen deseo, es un abuso de confianza.

Ningún mérito humano puede alcanzarnos la salvación, Dios tuvo que comprarla el mismo y pagarla el mismo. Pero no para que nosotros no hiciéramos nada sino precisamente para que lográramos alcanzarla ¿y cómo la alcanzamos? aceptándola realmente de corazón, el corazón donde residen todas nuestras intenciones y actos. Dios trajo el cielo en rebajas, ahora solo debemos amar, amar en él, con él y por él… y amar es ya un acto, un obrar, un hacer. La salvación es primero, luego viene la fe, luego viene el obrar… si nos quedamos solo con la fe, perdemos la oportunidad de amar y ser como aquel que nos salvo, como el Padre, ser como Cristo nos pide que seamos como él.

Sin verdadera fe que se exprese en actos, es como quedarnos en la encarnación sin la cruz, sin la entrega real de todo lo que soy en manos del Padre. De igual manera que las obras sin la fe tienen poco valor que no sea el que Dios en su misericordia quiera rescatar… de igual manera la fe sin entrega, sin renuncia, sin acción, es un concepto, un bonito sentimiento, una manera de decir “te amo y te creo” pero no me interesa mucho hacer nada por ti, parecerme a ti, seguirte, cambiar, renunciar. A la fe le sigue el actuar por su intrínseca y propia naturaleza, las obras son la muestra real de que Dios es para nosotros y nosotros para Dios.

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