Cada vez que rezo mi alegría y mi transformación es más grande y profunda. No se puede explicar de otro modo que no sea que cuando dialogamos con Dios, sea en fórmulas (oraciones), en conversación directa o incluso en silencio (centrándonos en su presencia) hay una transformación completa en nosotros.

Cuando rezo me sumerjo en un profundo misterio donde no estoy solo yo, sino Dios, la Iglesia entera (celestial y terrena) y las personas por las que pido… no solo es Dios y yo, sino el cosmos entero el que entra en la oración.

Me he acercado más a las personas orando, he cambiado más malos hábitos rezando, y he dejado cargas pesadas cuando entro en diálogo con Dios.

¿Cómo rezar? cada persona debe de encontrar lo que vaya con el, para muchas personas es la rutina, para otras funciona más en la noche, para otras en la mañana, algunas tienen oraciones favoritas, otros meditan los evangelios, otros prefieren el rosario.

Yo he optado por utilizar algunos libros de oraciones y devociones. Rezo brevemente en la mañana ante una imagen que tengo del Sagrado Corazon de Jesús. Uso mis oraciones favoritas para las mañanas y las rezo prestando absoluta atención. Las oraciones son al final guías de un diálogo, no son fórmulas en el sentido de que deban ser leídas sin prestar atención, seria como hablar sin decir nada, entonces siempre ora con enfoque, presencia, amor y devoción.

A las 12pm detengo mis labores rezo alguna de las oraciones diarias que encuentro en cuentas que sigo de Instagram o en oraciones que me envía Aleteia por celular o uso una aplicación llamada iBreviary.

Después de comer rezo mis oraciones favoritas al Espíritu Santo. Y cuando llego por la noche a mi casa, rezo otras 3 o 4 oraciones favoritas para esa hora del día.

Ya por la noche rezo por intenciones particulares, por mi familia, por enfermos, por difuntos, por el país, por los enemigos, etc. Ofrezco oraciones especificas para mis padres, mis hijos o los enfermos y para otras intenciones simplemente converso con Dios y pido por dichas intenciones.

Cada noche pongo énfasis en alguna intención y de la oración por esa intención se inicia un dialogo más personal, de ahí nace la conversación donde me encuentro con los planes de Dios, donde me encuentro con Él y el conmigo, donde me encuentro con los demás por los que pido. En esos momentos no siento que este orando yo solo, sino que mis intenciones van mas allá y son parte de las intenciones de muchas más personas, de la Iglesia misma.

En esos diálogos con Dios nacen inspiraciones: llámale a esa persona, deja de hacer esto, haz aquello, cambia este hábito, ayuda de esta manera.

Al final termino con mi oración favorita de antes de dormir.

Cada día que rezo, más quiero rezar. Si estoy parado en el tráfico, uso uno de los dos libritos miniatura (Oraciones y Salmos) y rezo algo. Si estoy parado esperando algo, abro y rezo un Salmo, si veo algo en la calle pido por esa situación.

El mundo se hace inmenso en alcance cuando rezo, pero a su vez muy pequeño, porque todos estamos en la mano de aquel que creó el universo entero con todas sus estrellas, y sin embargo nos llama a cada uno por nuestro nombre, me llama a mi por mi nombre y me da la gracia de poder llamarlo a Él también, de poder conversar y entrar en relación con lo más grande que existe.