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Yo Soy

¿Por que Dios no se muestra de manera total y abrumadora?

Es imposible saber las “razones de Dios”, pero sí podemos imaginar algunos cuantos motivos.

¿Qué pasa cuando estamos ante alguien inmensamente rico y popular? ¿Nos comportamos de la misma manera, nos relacionamos con esa persona igual que con alguien cercano y amado? O vayamos un paso más allá ¿Como te comportarías si tuvieras enfrente al emperador más poderoso del mundo, alguien que tiene en sus manos el poder para salvarte o matarte? No es muy difícil saber las respuestas. Por un lado algunos se comportarán de manera servil temiendo por su vida, por otro lado habrá quién se comportará de manera arrogante y desafiante para no aparentar debilidad y habrá otros que “amarán” al emperador hipócritamente y harán lo que diga para salvar su pellejo. Habrá matices, pero al final nadie quedará indiferente ante el poder que tiene enfrente… y quizá el sentimiento más lejano que aparecerá en sus mentes es el de intentar conocer profundamente a quién tiene el poder absoluto.

No importa que tanto quieras justificarte diciendo que podrías intentar acercarte a Dios si se mostrara con todo su poder y plenitud, la verdad es que será imposible para ti lograr relacionarte con el todopoder, ya sea por miedo, por servilismo, por rebeldía o rechazo.

La debilidad de Dios, mostrada en su silencio, en sus signos, en su “hablar a través de otros”, es la única manera de poder “conocer” a Dios…, conocerlo realmente. La encarnación, Dios-con-nosotros, escondido en la pequeñez de un niño en el pesebre, velado en la carne Jesús… fue lo más cercano que pudimos tenerlo… y lo matamos. (No podía ser de otra manera en un mundo donde se persigue al justo, se masacra la belleza y se abomina la verdad)

Es precisamente esa debilidad, esa “duda” permanente en el creyente (y en el ateo), ese “me ves ahí pero no puedes asegurarme”, lo que permite querer acercarse, intentar aproximarse y conocer a Dios… precisamente porque no estamos seguros de que este ahí… Como niños que tantean en la noche, con la curiosidad de si aquello que temen está realmente ahí, si realmente lo supieran con certeza absoluta jamás intentarían acercarse.

Es precisamente y paradójicamente la debilidad y la duda de la presencia de Dios en nuestras vidas y en el mundo la que posibilita que siquiera podamos acercarnos, que podamos comenzar a conocerlo, que podamos terminar enamorándonos.

—CJBS